martes, 2 de agosto de 2011

A la segunda va la vencida!

Hace ya un par de años -tal vez tres o cuatro- emprendí el Camino sin saber bien a qué me enfrentaba. Ni en mis mejores sueños hubiera imaginado paisajes tan hermosos que de tan bonitos, verdes e idílicos hasta me recordaran mi tierra y ni en mis peores pesadillas de deportista experimentada en lesiones y dolores óseos y musculares, hubiera imaginado el estado en que iban a terminar mis rodillas.

Se trata entonces de un camino de contrastes, donde la belleza de la exuberante naturaleza, el gozo de la soledad, la alegría de cumplir etapas y acercarse a la meta y la satisfacción del deber cumplido, se entremezclan con el cansancio y el dolor hasta convertirse en un solo sentimiento, un sentimiento ad hoc que acompaña a todo Peregrino.

La primera vez hice el Camino sin saber nada de él y regresé encantada y dolorida. Esta vez quiero volver solamente encantada.

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